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Historia de Febrero: “Cuando tienes que elegir entre tu familia y tu pareja”

febrero 3, 2019

Era una niña cuando todo cambió, apenas tenía 16 años, y llevaba viviendo de forma permanente en España con mi familia durante siete años (aunque ya veraneaba aquí desde los cuatro). Por un lado, tenía contacto con mis costumbres y cultura árabe en casa y, por otro, con la parte occidental en el instituto, amistades y demás. Llevaba bastante bien vivir entre dos mundos totalmente diferentes (aunque luego me conllevaría muchas crisis existenciales), pues cogía de cada una aquello que me parecía coherente según mi ideología. Una frase con la que me identificaba era que «querer es poder». Y tenía al mejor ejemplo en casa: mi madre.

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Todo cambió en 2012, tras ir a una manifestación en Madrid del Sáhara Occidental (tenía 16 años), conocí a un chico de 18 años del mismo país que yo. Él vivía en Extremadura con su familia de acogida y a su familia biológica solo la veía en verano, en vacaciones. ¿Sinceramente? Volví a casa con una sensación desconocida pero mágica, me preguntaba qué me estaba pasando, pero me era tal aquella sensación que preferí dejarme llevar. Desde ese 12 de noviembre empezamos a hablar todo el tiempo. Empezaron sus visitas a Madrid, mis visitas a Mérida, y buscábamos cualquier excusa para vernos. Empezamos a planear un futuro juntos, éramos amigos, compañeros, novios. Pero llegó el siguiente verano.

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Él viajaba a ver a su familia biológica. Por una parte me alegraba porque iba a ver a los suyos pero, por otra, sabía que le iba a echar muchísimo de menos. Así que él se fue, hablamos todos los días y todo parecía normal. Tras acabar el verano, volvió a España y ahí empezó todo.  A veces estábamos como siempre, otras parecía distante y no me explicaba qué estaba pasando. Meses después, en una discusión, me dijo que no podía más. Le pregunté qué era lo que pasaba y me dijo que le había comentado a su hermana nuestra relación para que ella fuese preparando a su madre.  Allí, como símbolo de respeto, el novio comenta a alguna hermana (o prima en caso que no tuviese) la relación que tiene con la novia, y ella habla con la madre. Y después, la madre ya lo habla con el novio. Ella le contestó que se lo pensase bien, que yo no era de su tribu y que solo me sacaba tres años.

Para que se entienda, allí es importante que el hombre sea mucho mayor que la mujer, ya que una mujer joven, al tener poca madurez, supuestamente da menos problemas. Y con la tribu, se refería a que la mayoría del mundo árabe tiene entre sí una gran frontera, y es la tribal. Desde muy pequeño te enseñan quién es tu familia cercana y la más lejana. Te enseñan toda tu descendencia hasta el “abuelo tribal”, es decir, la última persona de tu “clan” que te diferencia de las otras tribus. Esto nunca afecta a la hora de escoger amistades, pero sí pareja. Por ello, normalmente te recomiendan u obligan a escoger alguien de tu tribu.

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Su hermana le dijo que yo no cumplía con ninguna de las normas para ser la mujer perfecta. Que a saber cuantos me habría liado antes que con él (porque según ellos es mejor estar con una mujer que nunca ha estado con un hombre). Él le dijo que no se veía con otra persona y que quería estar conmigo, pero iba pasando el tiempo y no podía parar de darle vueltas. Por un lado me quería, pero también quería a su familia. Me pidió tiempo para pensar y le dije que no. Jamás en mi vida había sentido tanta impotencia.  Aceptar que esta relación se acababa por eso me costó mucho, me parecía una excusa para dejarlo. Mi madre siempre me inculcó que si alguien quiere algo, tiene que dar el 100%.

Cada vez me fui integrando más en mi cultura, y vi como esto sucedía una y otra vez. Mi amiga de la infancia se había casado con un hombre porque la cuidaba, pero no porque le quiera. Mi vecina se casó con alguien que escogieron sus padres y finalmente se divorció para casarse con quien quería. Así me di cuenta de que esta situación era más habitual de lo que pensaba. Y en mi cabeza se repetía el momento en el que él y yo lo habíamos hablado, meses antes, cuando afirmábamos con seguridad que nunca nos pasaría. Un día, hablando con mi amiga me dijo algo que aún se repite en mi memoria: “he visto gente que no hace caso a sus padres, se casan con quien quieren y al final no tienen relación con su familia; y eso es lo que te machaca”. Yo me quedé sorprendida e impresionada por sus palabras. Cómo una persona tan inteligente como ella no era capaz de ver que, si sus padres te quieren, aceptan tu felicidad y pasan del qué dirán.

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Tras dejarlo nos vimos de vez en cuando pero hubo un momento en el que sentí que no podía seguir así. Cada vez que empezaba a superarlo nos veíamos y todo empezaba de nuevo. Así que decidí alejarme y apostar por mí. A día de hoy, cada uno sigue con su vida. Siempre pensaré que era un valiente, por circunstancias que había superado en la vida, pero en cuanto al sentimiento era un cobarde. Ojalá más personas luchen por estar con quien quieren de verdad.

Fdo. Anónimo

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